martes, 17 de junio de 2008

Y por las tardes, revolución proletaria

Cada tarde de un Madrid otoñal acudíamos a un piso del centro para recibir clases de marxismo leninismo. Era como preparar oposiciones a Correos. El curso concluía en examen y el aprobado final comportaba la obtención de una plaza en la célula de un barrio obrero de la periferia. Había que presentarse, después de subidas y bajadas del metro, cambio de tren y simulaciones varias, ante los camaradas (estatus producido por la nueva condición de militante) y, como el nuevo embajador, presentar las credenciales ante un grupo de gente totalmente desconocida, ligeramente hostil y con la que un joven estudiante, con innegable apariencia de progre a pesar de sus esfuerzos por aparentar un aspecto convencional y "clandestino" jamás se habría juntado. Aquello era tan irreal que se vivía como un sueño o, mejor aún, como un juego que entrañaba riesgos reales.

1 comentario:

Ángel Cerviño dijo...

un sueño del que se puede despertar como:
a) deportado en Siberia
b) estrella radiofónica de la ultraderecha
c) presidente de comunidad autónoma